Ojalá.
Y qué puedo hacer yo ahora? Si la única forma de comunicarnos parece ser esta forma indirecta e inocua. Así es mejor, me digo y me convenzo, pero no tengo la seguridad de antes. No estoy ni bien ni mal, estoy en una nube de constante gris y voy nadando sobre ella.
Necesito un disparo de nieve
No somos ni los nietos, ni los obreros, ni los anónimos. Tampoco somos una legión, ni somos ex soldados, ni peleamos en guerras.
Nunca formamos opinión, nunca destruimos corporaciones, nunca desatamos nuestra furia. Somos los pacifistas extremos, los eternos conciliadores, los que buscan el dialogo a pesar del sufrimiento impuesto. Somos aquellos que pregonan sistemas caducos y que a la vez aclaman a héroes que rompieron los sistemas. Somos el fusil del Che y somos la bala que lo mató en Bolivia. Somos Perón y somos Alfonsín. Somos un tehuelche y somos Roca. Somos Kennedy y somos Stalin. Somos Trotsky y somos Henry Ford.
No somos ni calientes ni fríos.
No somos educados ni irrespetuosos
Ni civilización ni barbarie
Somos la media
Somos los permisivos
Somos los dormidos
No somos nada
3.4.12
29.3.12
De fondo la música acompaña el momento. Los gritos y los acoples rellenan un vacío elemental y generan una sensación de revolución frente al incómodo silencio del sollozo.
Otra vez, como calcada rutina, comienzo una circulo vicioso auto-destructivo sin tener un atisbo de realidad o, siquiera, falsa imaginación. Ellos, él, todos se horrorizan y, por una cuestión lógica de defensa, traen imágenes impávidas y poco gentiles de la ceniza humeante de materia gris. No más viento lunar ni duos imposibles bailando en la oscuridad. Música para los oídos lastimados
Sólo música
Otra vez, como calcada rutina, comienzo una circulo vicioso auto-destructivo sin tener un atisbo de realidad o, siquiera, falsa imaginación. Ellos, él, todos se horrorizan y, por una cuestión lógica de defensa, traen imágenes impávidas y poco gentiles de la ceniza humeante de materia gris. No más viento lunar ni duos imposibles bailando en la oscuridad. Música para los oídos lastimados
Sólo música
14.3.12
Las horas se convierten en obstáculos inquebrantables, dolorosos castigos de improductividad. Ocupo mi cabeza con nimiedades pero el más mínimo quiebre de concentración trae de vuelta ese vacío en el pecho, esa forma extraña que tiene la angustia de presentarse casi infranqueable.
Doy vueltas a la manzana, me prendo un pucho, me fumo un (dos) porro(s) y me dejo llevar por la música. No pienso en nada, trato de no hacerlo. Recuerdo que tengo que leer pero qué sentido tiene si no puedo conmigo mismo del mambo que tengo.
Aparece la risa nerviosa, otra vez ese huésped inesperado que anida en mi cabeza. El eco golpea mis sienes, las agita y trata de escapar.
La angustia también se presenta nuevamente, fría, penetrante y dolorosa. Da batalla al eco, trata de sofocar el incendio que provoca la risa en la cabeza. Se entrelazan en una lucha en la cual soy un partícipe involuntario, un espectador de lujo.
Yo sólo quiero que el tiempo fluya más rápido
Doy vueltas a la manzana, me prendo un pucho, me fumo un (dos) porro(s) y me dejo llevar por la música. No pienso en nada, trato de no hacerlo. Recuerdo que tengo que leer pero qué sentido tiene si no puedo conmigo mismo del mambo que tengo.
Aparece la risa nerviosa, otra vez ese huésped inesperado que anida en mi cabeza. El eco golpea mis sienes, las agita y trata de escapar.
La angustia también se presenta nuevamente, fría, penetrante y dolorosa. Da batalla al eco, trata de sofocar el incendio que provoca la risa en la cabeza. Se entrelazan en una lucha en la cual soy un partícipe involuntario, un espectador de lujo.
Yo sólo quiero que el tiempo fluya más rápido
8.3.12
5.3.12
Estaba muy impaciente, un poco enojado y aburrido. Estaba esperando, haciendo una especie de cola y de repente la lluvia. La esperaba desde ayer. La deseé durante el recital, tenía mucho calor y no se si era por la gente o por la seducción irresistible que propaga Moz a su alrededor, y llegó en un momento bastante incómodo.
Terminé con la incomodidad burocrática y salí. La bici me esperaba desprotegida, mojada, dando un poco de lástima. La rescaté y me puse al reparo del techo a esperar que escampe.
De repente un tipo de canas largas y tupidas me pregunta por el paro de docentes y me cuenta que él los vio a todos los gobernantes y que ninguno zafa. Ya sabe de antemano que son chorros y por eso no se preocupa. Me dice que tiene el pie lastimado y se despide llevandose puesto un escalón con susodicha extremidad.
Decido seguir sus pasos y arrancar. Media cuadra, el viento azota mi cara junto con la lluvia y me enceguece. No veo, me asusto y de repente siento algo. Un calor dentro, una risa loca, nerviosa y paranoica golpeando contra mi sien.
Vuelve el viento, más fuerte aún. Decido hacerle frente.
Estoy perdido, la puta madre. No se ve nada y esta calle está muy inundada. Me miro y me doy cuenta, estoy empapado. Y ahí está otra vez, la risa. Un escalofrío recorre mi espalda y me invita a seguir. El agua llega casi hasta la mitad de la rueda. La gente me mira extrañada. Cruzando Rivadavia una mujer me grita que pare que me voy a matar. Me río y hago más fuerza para ganar velocidad y cruzar antes del semáforo.
No puede ser, juro que esta calle cruzaba la vía en mi mapa mental. Mal momento para ponerse a consultar la guía T (a esta altura, deshecha en mi mochila). Me guio por mi instinto y encuentro el camino. Sigo un par de cuadras cantando "esta lluvia de mierda no quiere parar (bis), es Macri que no para de llorar" hasta que paro junto con un taxista debajo de un salvador techo de verdulería. Me felicita por los huevos para seguir pedaleando. Me da una bolsa para mi celular y mi billetera (inútil, ya estaba todo mojado, pero igualmente agradecí el gesto). Hablamos de fútbol. Él de Huracán, casi nos ponemos a llorar juntos. Me despido y sigo. "Suerte viejo, que no afloje la plateada".
Se banca todas
Arranco y me encuentro de nuevo con la risa. Más frenética que antes, más robótica, más histérica y nerviosa. No importa. Estoy con mucho frío, empapado, casi no veo lo que sucede delante mío. Repito: no importa. En este momento soy feliz, estoy completo, podría caer un rayo y electrocutarme (cosa bastante plausible ahora que lo analizo mejor gracias a la distancia temporal) que voy a morir feliz. Me lo repito y sigo riendo. Una mujer me mira consternada cuando el agua me frena por completo y tengo que bajarme de la bici (agua por las rodillas) para seguir corriendo.
Me subo y hago las últimas dos cuadras a carcajadas, conmigo mismo, disfrutando de mí y de algo tan básico como mojarse en la lluvia. Llego a mi casa, vivo, mojado, con frío y, por sobre todas las cosas, realmente feliz.
Terminé con la incomodidad burocrática y salí. La bici me esperaba desprotegida, mojada, dando un poco de lástima. La rescaté y me puse al reparo del techo a esperar que escampe.
De repente un tipo de canas largas y tupidas me pregunta por el paro de docentes y me cuenta que él los vio a todos los gobernantes y que ninguno zafa. Ya sabe de antemano que son chorros y por eso no se preocupa. Me dice que tiene el pie lastimado y se despide llevandose puesto un escalón con susodicha extremidad.
Decido seguir sus pasos y arrancar. Media cuadra, el viento azota mi cara junto con la lluvia y me enceguece. No veo, me asusto y de repente siento algo. Un calor dentro, una risa loca, nerviosa y paranoica golpeando contra mi sien.
Vuelve el viento, más fuerte aún. Decido hacerle frente.
Estoy perdido, la puta madre. No se ve nada y esta calle está muy inundada. Me miro y me doy cuenta, estoy empapado. Y ahí está otra vez, la risa. Un escalofrío recorre mi espalda y me invita a seguir. El agua llega casi hasta la mitad de la rueda. La gente me mira extrañada. Cruzando Rivadavia una mujer me grita que pare que me voy a matar. Me río y hago más fuerza para ganar velocidad y cruzar antes del semáforo.
No puede ser, juro que esta calle cruzaba la vía en mi mapa mental. Mal momento para ponerse a consultar la guía T (a esta altura, deshecha en mi mochila). Me guio por mi instinto y encuentro el camino. Sigo un par de cuadras cantando "esta lluvia de mierda no quiere parar (bis), es Macri que no para de llorar" hasta que paro junto con un taxista debajo de un salvador techo de verdulería. Me felicita por los huevos para seguir pedaleando. Me da una bolsa para mi celular y mi billetera (inútil, ya estaba todo mojado, pero igualmente agradecí el gesto). Hablamos de fútbol. Él de Huracán, casi nos ponemos a llorar juntos. Me despido y sigo. "Suerte viejo, que no afloje la plateada".
Se banca todas
Arranco y me encuentro de nuevo con la risa. Más frenética que antes, más robótica, más histérica y nerviosa. No importa. Estoy con mucho frío, empapado, casi no veo lo que sucede delante mío. Repito: no importa. En este momento soy feliz, estoy completo, podría caer un rayo y electrocutarme (cosa bastante plausible ahora que lo analizo mejor gracias a la distancia temporal) que voy a morir feliz. Me lo repito y sigo riendo. Una mujer me mira consternada cuando el agua me frena por completo y tengo que bajarme de la bici (agua por las rodillas) para seguir corriendo.
Me subo y hago las últimas dos cuadras a carcajadas, conmigo mismo, disfrutando de mí y de algo tan básico como mojarse en la lluvia. Llego a mi casa, vivo, mojado, con frío y, por sobre todas las cosas, realmente feliz.
27.2.12
Me gustaría en otra vida ser mujer.
Si, lo digo, no tengo ningún prurito en hacerlo. No me hace menos hombre, no socava mi heterosexualidad (a confirmar), ni nada parecido.
Me encantaría poder manejar unas mentes tan simples como la de los hombres. Podría tener todo lo que quisiera, lo único que necesitaría son dos tetas y un culo. No tendría que preocuparme por estudiar o conseguir un buen trabajo, unas gotas de perfume, más un buen escote, unos labios bien pintados y una actitud serían toda la bibliografía/experiencia laboral necesaria para entrar en un sub-mundo controlado por pajeros crónicos. Y nadie me va a decir nada porque yo voy a despotricar contra ese mundo. Voy a descargar mi furia innecesariamente concentrada en cómo la belleza y los estereotipos marcan la sociedad y en cómo tengo que mantener ciertos axiomas. Me quejaré de los hombres y su forma de tratarme como un objeto sexual mientras les doy todos los argumentos necesarios para hacerlo, insinuando mi sexo para conseguir lo que quiero. Competiré por una igualdad despareja en la cual la violencia no pueda siquiera rozarme. Soy indestructible. Soy mujer.
Ahora que lo pienso mejor, no me vendría bien. Yo sería una mina muy fea y esas no consiguen nada.
Si, lo digo, no tengo ningún prurito en hacerlo. No me hace menos hombre, no socava mi heterosexualidad (a confirmar), ni nada parecido.
Me encantaría poder manejar unas mentes tan simples como la de los hombres. Podría tener todo lo que quisiera, lo único que necesitaría son dos tetas y un culo. No tendría que preocuparme por estudiar o conseguir un buen trabajo, unas gotas de perfume, más un buen escote, unos labios bien pintados y una actitud serían toda la bibliografía/experiencia laboral necesaria para entrar en un sub-mundo controlado por pajeros crónicos. Y nadie me va a decir nada porque yo voy a despotricar contra ese mundo. Voy a descargar mi furia innecesariamente concentrada en cómo la belleza y los estereotipos marcan la sociedad y en cómo tengo que mantener ciertos axiomas. Me quejaré de los hombres y su forma de tratarme como un objeto sexual mientras les doy todos los argumentos necesarios para hacerlo, insinuando mi sexo para conseguir lo que quiero. Competiré por una igualdad despareja en la cual la violencia no pueda siquiera rozarme. Soy indestructible. Soy mujer.
Ahora que lo pienso mejor, no me vendría bien. Yo sería una mina muy fea y esas no consiguen nada.
8.2.12
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